Siempre quise tener un local de jazz. No necesariamente un local como los del Harlem pero sí uno en el que cada día, al apagarse el sol, alguien arrancara buena música de un piano en un escenario minúsculo, acompañado de un contrabajo, una guitarra y, por supuesto, un saxo tenor. Un local en el queSigue leyendo «La más triste historia de amor. Siempre quise tener un local de jazz»