El día del fin de mundo

No recuerdo bien que fue lo primero que escribí, pero sí cuál fue mi primer escrito bueno. Desde pequeño me atrajo inventar historias y pasarlas a papel, pero la mayoría de las veces no eran más que simple esbozos, sucesos deshilvanados, apuntes. La constancia ya no era, por entonces, una de mis virtudes.   MiSigue leyendo «El día del fin de mundo»

El negro que tocaba el saxo

Cuando viví en San Francisco tomé la costumbre de ir un par de veces por semana a un local de jazz cerca de Market Street. Yo vivía en un minúsculo estudio en Bush Street, cerca del barrio chino (mis exiguos derechos de autor de por aquel entonces y los elevados precios de esa ciudad noSigue leyendo «El negro que tocaba el saxo»

Debería estar triste…

Debería estar triste ya que te veo levantarte en silencio, fingiendo que me crees dormido y yo fingiendo que duermo. Veo como, de espaldas a mi, te pones ese vestido blanco que te regalé hace ya tanto tiempo, ajustándolo con cuidado a tu cuerpo. Te ahuecas el pelo, peinando levemente tus rizos con los dedosSigue leyendo «Debería estar triste…»

Yo Maté a Liverty Valance. Calló por un momento, en el que aprovechó para…

Calló por un momento, en el que aprovechó para encender otro (el cenicero rebosante, la habitación turbia de humo) cigarrillo. Suspiró, pero no me daba tiempo a mi para prepararme (hubiese seguido hablando aunque allí no hubiese nadie mas que él) sino para si mismo. Me miró a los ojos, aunque no sé si meSigue leyendo «Yo Maté a Liverty Valance. Calló por un momento, en el que aprovechó para…»