De cómo el Caballero Pamoh se convirtió en el Rey Pamoh Este cuento, como todos los cuentos de princesas y dragones, también tiene un Rey. Pero he de deciros que el Rey de SuDtera’ es malo. En realidad, no era su rey legítimo, este sí era un Rey bueno, sino un caballero que llegó aSigue leyendo «El cuento de la princesa que no sabía que lo era (2)»
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El cuento de la princesa que no sabía que lo era
De cómo llegó la princesa que no sabía que lo era a Nuvpu’ Este cuento comienza con una princesa. Una joven princesa en los primeros años de la edad adulta. Una princesa guapa y rubia, de ojos verdes y maneras dulces. Una princesa buena y amable y querida en su pueblo, que ayudaba a susSigue leyendo «El cuento de la princesa que no sabía que lo era»
El Abuelo
El teléfono nunca suena en la madrugada de en un día entre semana por algo bueno. Por más que las noticias malas nos aborden constantemente, en cualquier situación o lugar, en un momento de felicidad o de calma, por más que estemos acostumbrados a recibir disgustos de boca de un familiar en una comida deSigue leyendo «El Abuelo»
La chica de las mandarinas
Nunca supe cómo se llamaba aquella chica o cuál era su historia. Nunca supe por qué pasaba cada tarde por el Paseo de Santa Lucia con cara melancólica (o quizá triste), andares lentos, siempre acompañada por una niña pequeña, su hija seguramente, de no más de tres o cuatro años. Colgada del brazo llevaba unaSigue leyendo «La chica de las mandarinas»
Porque si me hubiese quedado y tú no me hubieses besado, lo habría hecho yo
-Entonces, yo sí soy culpable, según tu razonamiento -Sí, en cierto modo, es así -Eso no es justo – me contestó. Enfadada -Efectivamente, no es justo. Pero no lo es para mí. Tu vienes aquí, haces la cena mientras me ves babear detrás de ti, cenamos, tomamos vino y quizá unas copas, follamos, nos quedamosSigue leyendo «Porque si me hubiese quedado y tú no me hubieses besado, lo habría hecho yo»
Un local. Una cita
El local, efectivamente, no estaba mal. Llegué antes de la hora, pero no me importó. Estoy acostumbrado a estar en situaciones así, en un local decadente, tomando una copa solo y comiéndome los frutos secos que suelen poner para acompañar, despacio, uno a uno, mientras leo un libro o tomos notas de las cosas queSigue leyendo «Un local. Una cita»
Algunos queremos a destiempo…
Algunos de nosotros en ocasiones queremos a destiempo, unas veces queremos demasiado pronto y otras demasiado tarde. A Blanca la quise demasiado pronto. A Sarah, quizá demasiado tarde. “Te amo”, le dije una vez a Sarah, sólo una, tras salir de un restaurante cerca de la calle Market. Hacía una noche magnífica, como las delSigue leyendo «Algunos queremos a destiempo…»
Blanca se incorporó hacia mí,
Blanca se incorporó hacia mí, pasó su mano derecha por detrás de mi cuello y me besó. Fue un beso distinto a los febriles del domingo, fue un beso pausado, sosegado, que me supo a un punto de melancolía. Simplemente dijo “Tengo que irme, ¿vienes con conmigo?” dejando abierta a mi interpretación si con esaSigue leyendo «Blanca se incorporó hacia mí,»
No tengo los recuerdos muy claros…
No tengo los recuerdos de todo aquello muy claros, lo que no deja de ser un poco extraño ya que no hace tanto tiempo que sucedió. Sé lo que pasó, pero no sé si mi memoria me trae bien el cómo pasó, como transcurrieron los tres últimos años de mi vida. Uno en Madrid ySigue leyendo «No tengo los recuerdos muy claros…»
A veces…
A veces, sólo a veces, a una victoria no se llega de manera estruendosa, clara, arrolladora sino con una serie de pequeños, casi imperceptibles avances… Tan pequeños que apenas se ven y es fácil pasarlos por alto, pero debes estar atento y descubrirlos aún cuando se esconden, cuando te los escamotean, para saber que estás en elSigue leyendo «A veces…»