La chica de las mandarinas

Nunca supe cómo se llamaba aquella chica o cuál era su historia. Nunca supe por qué pasaba cada tarde por el Paseo de Santa Lucia con cara melancólica (o quizá triste), andares lentos, siempre acompañada por una niña pequeña, su hija seguramente, de no más de tres o cuatro años. Colgada del brazo llevaba unaSigue leyendo «La chica de las mandarinas»