Algunos queremos a destiempo…

Algunos de nosotros en ocasiones queremos a destiempo, unas veces queremos demasiado pronto y otras demasiado tarde. A Blanca la quise demasiado pronto. A Sarah, quizá demasiado tarde.

“Te amo”, le dije una vez a Sarah, sólo una, tras salir de un restaurante cerca de la calle Market. Hacía una noche magnífica, como las del comienzo del verano en Madrid. El aire olía a limpio; a lo lejos, una pequeña banda callejera interpretaba una sinfonía de Beethoven. Paseábamos tranquilamente, camino de mi casa, riéndonos de alguna historia que yo o ello habíamos contado, nos íbamos cruzando con otras parejas saliendo como nosotros de un restaurante, de un comercio. Yo vestía unos chinos azul claro y un poco azul oscuro; Sarah llevaba un vestido blanco, corto, sin mangas, el pelo suelto. Apenas llevaba joyas (unos pendientes diminutos y un anillo) y algo de sombra en los ojos; nada más. Y así estaba preciosa. Habíamos tomado carne muy poco hecha, una ensalada césar y una botella de vino. Por primera vez en mucho tiempo, me sentía casi bien, casi feliz. Hacía mucho que no pensaba en Blanca. Los aspersores de un jardín cercano empezaron a funcionar de repente y nos mojaron. Fue solo un instante, pero Sarah rio de alegría mientras saltaba para salirse del radio del agua. Una gota de agua le escurría por la nariz. Luego me tomó de las manos, me acercó a ella y me besó.

-Te amo –le dije, sorprendiéndome a mí mismo

Ella me sonrió, me volvió a besar (más suavemente, más lentamente esta vez) y me soltó

-No, no me amas, pero gracias. Sé que me tienes mucho cariño, que me quieres, pero no me amas. No sé quién es, pero tú ya tienes a quien amar

Mi mirada se endureció y me quedé rígido

-No seas tonto, Sebastian. No te enfades, yo no lo estoy. Sé lo que hay y tú también lo sabes. Te quiero mucho, y tal vez esté un poco enamorada de ti, pero algún día te irás y aunque no fuera así, yo tengo mis propios planes. Sería estupendo pensar que tú y yo tenemos un futuro, pero no es así. Se acabará. Y mientras ese momento llega, disfrutemos de lo que tenemos –y me volvió a besar-. El que vaya a finalizar no quiere decir que lo anticipemos.

 

Me di cuenta de que me había engañado a mí mismo, había aprendido a creer que amaba a Sarah cuando en realidad amaba a Blanca, a pegar mi cuerpo al de Sarah mientras pensaba en Blanca. Tal vez eso mismo era lo que en su momento le pasó a Blanca conmigo. Que creía que me amaba a mi cuando en realidad amaba a Simón. O que creía amarle a él cuando en realidad lo hacía a mí.

No supe responderme a esas dudas. Sin embargo, sí tuve claro que mi periodo de casi felicidad había finalizado.

Publicado por Sebastian Mathanwi

Economista de formación, escritor de vocación y cocinero aficionado los fines de semana. Me gusta pasear por la montaña, el cine cásico y el jazz. Me hubiese gustado ser Faulkner. O John Ford. O Cary Grant. Si preparas los gin tocnics como si fuesen macedonias de fruta, echas hielo en el vino o te gustan los espárragos blancos, no es necesario que nos conozcamos.

Deja un comentario