No tengo los recuerdos muy claros…

No tengo los recuerdos de todo aquello muy claros, lo que no deja de ser un poco extraño ya que no hace tanto tiempo que sucedió. Sé lo que pasó, pero no sé si mi memoria me trae bien el cómo pasó, como transcurrieron los tres últimos años de mi vida. Uno en Madrid y dos en San Francisco. Hay momentos que tengo muy vivos en mi cabeza; en otros, tal vez los esté si no inventado, si completando con detalles que no pasaron o que no pasaron exactamente como los recuerdo. Pero no porque quiera mejorarlos o escamotear muescas de dolor. No, simplemente es que mi mente los ha borrado, sin más o quizá en realidad nunca llegó a fijarlos ya que a veces yo estaba en mi propia vida con la sensación de ser más testigo que protagonista, como si aquello no fuera conmigo, o no del todo. No creo, sin embargo, que en esencia, cambie nada de lo que sucedió, que mis recuerdos alteren la realidad que viví. Están ahí los lugares, los sentimientos los personajes que los poblaron (me refiero, claro, aparte de a mí mismo, a Blanca, a Samuel, a mi histérica vecina del piso inferior, a Simón –mi infame rival-  a Sarah y los demás; algunos han desaparecido para siempre, otros siguen afortunadamente en mi vida e incluso uno de ellos ha muerto) para dar fe de ello.

Tampoco sé, o recuerdo, como comenzó. Tal vez sea porque no tuvo un momento inicial claro, casi nada en la vida lo tiene: simplemente, van sucediendo cosas que, llegado un momento -y sólo en ocasiones- han construido una historia. Otras veces todos esos momentos se pierden sin más, sin llegar a significar nada.

Si tuviera entones que poner un inicio, este sería el momento en que supe que Blanca me traería problemas. No porque sea cuando todo empezó, pero sí porque fue cuando yo me di cuenta de que había empezado.

Publicado por Sebastian Mathanwi

Economista de formación, escritor de vocación y cocinero aficionado los fines de semana. Me gusta pasear por la montaña, el cine cásico y el jazz. Me hubiese gustado ser Faulkner. O John Ford. O Cary Grant. Si preparas los gin tocnics como si fuesen macedonias de fruta, echas hielo en el vino o te gustan los espárragos blancos, no es necesario que nos conozcamos.

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