Lo peor de todo no es tu lado de la cama frio o tus cajones vacíos o el armario (ese que se nos hacía pequeño) enorme para mí solo o los desayunos sin compañía. Lo peor de todo no es no saber si fue culpa tuya o mía ni todos esos sueños que teníamos y que ahora son imposibles, absurdos incluso: los planes para nuestro eterno futuro que dibujábamos juntos en esas tardes de lluvia, café, jazz y manta compartida. Lo peor de todo no es el teléfono que no suena, el mensaje que no llega, la publicación de Facebook en la que no me etiquetas
Lo peor de todo tampoco es que ya no pueda volver a enamorarme ya que en todas te busco a ti y no te encuentro. Ninguna entiende tan bien como tú mis estados de ánimo, mis miedos, mis ilusiones. Ninguna tiene tus ojos, o tu sonrisa o tu nariz respingona. Ninguna de ellas eres tú…
Lo peor de todo no es nada de eso. Lo peor de todo es que no puedo odiarte. Aunque quiera hacerlo.